Santo Domingo, RD. – “Aquellos que esperan cosechar las bendiciones de la libertad deben, como hombres, sobrellevar las fatigas de sostenerla”. Con esta reflexión atribuida a Thomas Paine, la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, compartió un video de la celebración del 250 aniversario de la independencia estadounidense.
La pieza retoma imágenes de la recepción realizada el pasado 2 de julio, durante la cual Campos destacó la libertad, la democracia, la responsabilidad ciudadana y los valores compartidos por Estados Unidos y República Dominicana.
Aunque la publicación no menciona el conflicto arancelario, su difusión coincide con la entrada en vigor del gravamen de 12.5 % impuesto por Washington a numerosos productos dominicanos. Estados Unidos sostiene que el país no había establecido ni aplicado eficazmente una prohibición contra la importación de mercancías producidas mediante trabajo forzoso.
En este escenario aparece un componente estratégico: China. El país asiático es uno de los principales orígenes de las importaciones dominicanas, lo que significa que una parte importante de los bienes, equipos e insumos que circulan en la economía nacional procede del mercado chino.
La preocupación de Washington no se limita al destino final de esas mercancías, sino a su trazabilidad. Estados Unidos teme que productos o materias primas de origen chino sean procesados, mezclados o transformados en terceros países antes de ingresar al mercado estadounidense con una procedencia diferente.
El informe de la Oficina del Representante Comercial incluyó incluso el testimonio de un participante que alegó que una planta de capital chino en República Dominicana habría sido utilizada para evadir prohibiciones relacionadas con el trabajo forzoso. La referencia forma parte de un testimonio presentado durante las audiencias, no de una conclusión definitiva contra una empresa identificada públicamente.
Ante la presión, el presidente Luis Abinader emitió el Decreto 502-26, que prohíbe importar mercancías vinculadas al trabajo forzoso y faculta a Aduanas para investigarlas e impedir su entrada al país.
En ese contexto, la reflexión de Campos sobre las “fatigas” necesarias para sostener la libertad adquiere una lectura más amplia. Mientras la diplomacia estadounidense reivindica los derechos humanos y los valores democráticos, Washington aumenta la vigilancia sobre las cadenas de suministro y la influencia comercial de China en países aliados como República Dominicana.
No hay evidencia de que la embajadora haya presentado su publicación como una advertencia directa al Gobierno dominicano. Sin embargo, la coincidencia revela el complejo equilibrio que enfrenta el país: China es uno de sus principales proveedores, mientras Estados Unidos continúa siendo su mercado exportador más importante.
