La llegada de António Guterres a República Dominicana abre una pregunta inevitable: ¿viene la ONU a escuchar al país o a agradecerle, con tono diplomático, que siga cargando una crisis que el mundo no ha querido resolver?
República Dominicana ha sido solidaria, paciente y prudente. Ha advertido sobre el colapso haitiano, ha pedido apoyo real y ha defendido su derecho a proteger la frontera. A cambio, muchas veces recibe sermones, presiones y señalamientos, como si ordenar su territorio fuera un pecado y no una obligación de Estado.
Guterres llega a reconocer el papel dominicano frente a Haití. Bien. Pero los agradecimientos no frenan bandas, no reconstruyen instituciones ni alivian el peso migratorio, social y económico que cae sobre este lado de la isla.
La ONU sabe producir comunicados, diagnósticos y llamados urgentes. Ahora debe demostrar si también sabe producir resultados.
Porque a República Dominicana no se le puede pedir siempre más, mientras el mundo sigue haciendo cada vez menos.
