Londres. La economía mundial ha mostrado una resistencia mayor a la esperada frente a los choques recientes, pero esa fortaleza podría estar sostenida más por la suerte que por una verdadera invulnerabilidad, advierte un análisis basado en el último informe económico anual del Banco de Pagos Internacionales —BPI—.
El organismo reconoce que la economía global ha logrado mantenerse en pie pese al repunte inflacionario posterior a la pandemia, las tensiones comerciales, los conflictos geopolíticos, las crisis energéticas y el aumento de los costos financieros.
Sin embargo, el análisis alerta que los riesgos fiscales, financieros, sociales y tecnológicos se están acumulando, especialmente por la combinación de altos niveles de deuda pública, mercados financieros vulnerables y una creciente dependencia del auge de la inteligencia artificial.
Uno de los principales puntos de preocupación es la inflación. El BPI advierte que un nuevo choque de precios podría afectar la credibilidad de los bancos centrales, sobre todo si las expectativas inflacionarias vuelven a desanclarse.
Otro riesgo está relacionado con la inversión en inteligencia artificial. Aunque este sector ha impulsado la confianza de los mercados y la inversión en Estados Unidos, el informe plantea que ese crecimiento podría desacelerarse si los rendimientos no cumplen las expectativas o si aumenta la resistencia social frente a la tecnología.
El organismo también llama la atención sobre las condiciones financieras actuales, marcadas por primas de riesgo bajas, mayor apalancamiento y crecimiento de intermediarios financieros no bancarios, sectores que podrían amplificar una crisis en caso de pánico en los mercados.
A esto se suma el deterioro fiscal en varias economías avanzadas, donde los déficits estructurales y la deuda pública se mantienen en niveles elevados, mientras las tasas de interés regresan a rangos no vistos desde antes de la crisis financiera global.
El BPI advierte además sobre el papel creciente de fondos de cobertura en los mercados de deuda pública, una dinámica que puede aumentar el riesgo de movimientos bruscos si esos inversionistas deshacen posiciones de forma acelerada.
El análisis concluye que la economía mundial ha sido resiliente, pero no necesariamente robusta. Por eso plantea que los gobiernos, bancos centrales y reguladores deben prepararse antes de que la suerte se agote.
La advertencia central es clara: la economía global no puede seguir dependiendo de condiciones favorables o de shocks menos graves de lo esperado; necesita bases más sólidas para enfrentar una etapa marcada por deuda, inflación, innovación tecnológica y tensiones geopolíticas.
